El cuento de la Fibromialgia

Escrito por: Silvia Fernández, Terapeuta Integral

Posiblemente te sientas identificada, total o parcialmente con esta historia. 


Mujer de edad media, que comienza con alteraciones del sueño, cansancio, agotamiento, rigidez muscular y dolor de espalda, casi siempre cervical. Tratada con el famoso Ibuprofeno y un protector gástrico, “por si acaso”. Lejos de mejorar, el dolor se generaliza y el humor cambia, por lo que tu médico te solicita unos “exámenes” que son “normales”. Te extiende una hoja interconsulta, cuando no varias, al reumatólogo, al traumatólogo, al otorrinolaringólogo y hasta al psiquiatra. Y ahí comienza tu peregrinar.


Nadie sabe qué te pasa, pero cada vez tu lista de medicamentos se va incrementando y tú no mejoras. Te sustituyen el Ibuprofeno por otro antiinflamatorio mejor, más nuevo y más caro obviamente, te recetan analgésicos, ansiolíticos, antidepresivos, terapia rehabilitadora y acabas tomando derivados de la morfina. Luego tu tiroides deja de funcionar correctamente, te vuelves hipertensa, cuando no diabética, tu vesícula biliar comienza a dar problemas y el estreñimiento no te deja vivir. Más medicamentos para cada cosita nueva, además ya no puedes seguir funcionando “como antes” porque alguno de tus medicamentos te pone a dormir por las noches y te mantiene aletargada por el día; por otra parte, a partir  del momento en que te diagnostican la “fibromialgia” quedas paralizada, el miedo y la angustia te invaden, como si se tratase de una enfermedad terminal, y cómo no tomar esta actitud, si “tu médico” te dice: “es una enfermedad crónica de causas desconocidas, hasta ahora no tiene cura”. Desolador diagnóstico, ¿verdad? Por lo tanto, y como es de esperar, te deprimes y tu salud, va empeorando.


Por otra parte, la mayoría de las personas no te comprende, no saben de qué se trata esta “enfermedad”, y cómo lo van a entender si ni la medicina convencional logra aún determinar la raíz de la sintomatología; entonces te vas sintiendo sola, incomprendida; necesitas más descanso, necesitas más tiempo para desarrollar tus tareas, te deprimes más aún y te estresas, vamos por dosis más fuertes de medicamentos entonces. Te invade la pena, la auto-compasión y comienzas con la típica pregunta: ¿Por qué a mí?


Lo que yo me pregunto es por qué los médicos desprecian sistemáticamente las soluciones holísticas. Si se tratase a los pacientes diagnosticados con fibromialgia desde  una visión holística, seguramente los resultados serían óptimos y las personas aquejadas con este padecimiento podrían llevar una vida más simple, con menos dolores, cansancios y angustias.

Personalmente, siendo una mujer diagnosticada hace más de 10 años con esta “enfermedad”, creo que es importante tener en cuenta los siguientes consejos: Primero, alcalinización de nuestro organismo y corrección de la dieta, seguido de drenaje y desintoxicación.

Los remedios o terapias naturales que se empleen tienden a oficiar en dos direcciones. Por un lado, calmar los dolores. Por el otro, relajar a la persona que los padece para que pueda dormir bien y para qué comience a aceptar este nuevo camino el cual se le está señalando. Por suerte, existen varios tratamientos. Estos son algunos buenos tratamientos naturales que puedes poner en práctica contra la fibromialgia:

Flores de Bach: Son geniales para tratar el estrés y la irritabilidad que suelen generar esta clase de enfermedades, además de actuar puntualmente como relajantes o directamente sobre el foco del dolor.

Infusiones: Las infusiones o tisanas de plantas pueden llegar a jugar un rol importante a la hora de sobrellevar la fibromialgia de la mejor manera posible. Por un lado, plantas tales como la manzanilla, la valeriana harán que estés menos irritable y también más relajado. Por ende, menos dolor muscular, más facilidad para dormir plácidamente.

Baños con plantas relajantes: Puedes tomarte un momento cada día para combatir los dolores de la fibromialgia con algo tan agradable como un baño caliente. Añade un litro de infusión bien cargada de plantas como el tomillo, romero o lavanda al agua de tu baño.

Otros tratamientos: Puedes probar con acupuntura, masajes, yoga, reflexología, y reiki el cual equilibra tus energías y te mantiene en un estado de paz y armonía. No las dejes pasar por alto ni subestimes sus posibilidades.

Relájate antes de dormir: Medita, has ejercicios de respiración, escucha música que te proporcione tranquilidad.

Por otra parte, hay varios estudios que indican que el aceite de cannabis sativa administrado como fármaco o como suplemento alimenticio ayuda mucho a bajar los niveles de ansiedad e inflamación. Y ojo que también se han hecho pruebas con otros aceites como el de girasol u oliva, pero no han conseguido resultados tan buenos que los obtenidos con la marihuana. En lo personal puedo afirmar que es un potente aliado cuando de dolores y fatiga se trata; te relaja, te calma, por lo tanto las tensiones musculares disminuyen y el dolor puede llegar a desaparecer.

Y algo muy importante: no pierdas las ganas de vivir, ríe, sueña, canta, baila, disfruta la vida tal como lo hacías antes de tu diagnóstico, y si antes no lo hacías, ¡comienza a hacerlo ya!


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